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Se cumplen 28 años de la caída del muro de Berlín en Alemania

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Foto AP

09 de Noviembre del 2017

Agencias

Una inmensa grúa corta el cielo sobre Unter den Linden, la principal arteria turística de Berlín. Sigue otra a unos metros. Y otra. Y otra… Hasta 16 gigantes de hierro marcan el ritmo de una tarde de otoño en el solar que ocupó el Palacio de la República y albergará ahora un museo. A escasos días de celebrar el 25 aniversario de la ciudad reunificada —el 9 de noviembre de 1989 derribaron el Muro que aisló a la RDA durante 28 años— la ciudad apuesta por reconstruirse. Urbanismo, turismo y cultura. Guiños al porvenir berlinés.

Son las 16.00 horas, decenas de estudiantes se abren paso en bicicleta entre los visitantes que recorren la Isla de los Museos. Van a la Universidad Humboldt, en pleno centro. Allí, en su despacho del área económica, el profesor Michael Burda habla de desigualdades. ¿Han bastado 25 años para reunificar Alemania? «La gente mantiene los recuerdos de la división, cuando se disparaba al que intentaba cruzar la frontera… Y eso ya no existe, pero sí los problemas económicos. Los sueldos todavía son un 15% más bajos en el este y la productividad de los trabajadores, un 30% menor. Los mecanismos de transferencia de dinero —el Estado ha traspasado cada año unos 30.000 millones de euros de oeste a este— han ayudado a que todos los alemanes alcancen un nivel estándar en esperanza de vida, que es un indicador claro, pero la reunificación no ha terminado». Mientras habla, juguetea con un trozo de Muro encriptado a modo de pisapapeles. Se lo regaló su padre. «Quién sabe si es verdadero…».

A orillas del río Spree, dos bustos de Marx y Engels contemplan las obras mientras un grupo de japoneses se saca ‘selfies’ con ellos. La ideología como souvenir. «Desde el punto de vista económico no hemos alcanzado la convergencia, pero desde el punto de vista de la gente y su entendimiento, yo diría que sí». En un despacho cercano al Checkpoint Charlie, antiguo paso fronterizo del Muro, el estadista Dieter Bogai desgrana unos números que hablan de trabajo a medias. «La reunificación fue muy cara para el oeste. Había que invertir en infraestructura y se financió en parte por contribuciones sociales y en parte, por deuda», explica este técnico del Instituto de Investigaciones sobre el Mercado Laboral (IAB). Según su entidad, en el este la tasa de paro es del 9,4% y en el oeste, del 6%; el ingreso medio oriental está un 22% por debajo e incluso teniendo en cuenta la diferencia de precios, su capacidad de compra es un 17% menor. Sin embargo, la situación avanza, y según el Gobierno, en 2012 por primera vez cesó el éxodo de población de este a oeste.

Mientras conmemora su reunificación, Berlín lucha por dar la vuelta a unos números que se le ponen en contra. La capital alemana tiene historia, turismo, cultura, pero también deuda, un desempleo más alto que la media del país y le falta industria «Antes de la Segunda Guerra Mundial había muchas fábricas. Es fácil comprobarlo, ahora se utilizan como discotecas», bromea el profesor Burda, en alusión a los inmensos clubs que han ocupado los solares vacíos. «Muchas empresas se marcharon al Oeste porque Berlín quedó aislada dentro de la RDA. Por ejemplo, Siemens, que tenía toda su historia aquí y se mudó a Múnich. Pero Berlín sigue teniendo las universidades, el Gobierno y el sector sanitario y espero que la investigación sea uno de los sectores que más se desarrolle con el tiempo. Y que despegue el de la alta tecnología ya que hemos visto mucho movimiento de empresas de software. La industria de la automoción no va a venir a Berlín, ni la aeronáutica, pero quizá sí ‘start-up’ informáticas. La clave está en conseguir que las personas que acaben la universidad se queden aquí porque ahora, cuando tienen éxito se van a Frankfurt, Nueva York o París. Y con ellas se va el talento». Según la Comisión Europea, el sector servicios es el principal foco de empleo. Le siguen el sanitario y los servicios sociales, mientras que en la industria sólo trabaja el 8%.

Foto Internet

Berlín se ha ganado a pulso la descripción de ‘pobre pero sexy’ que acuñó Klaus Wowereit, su alcalde desde 2001 y hasta el próximo diciembre. «No hay otra capital en el mundo donde el PIB per cápita sea más bajo que el promedio del país. El de Berlín está sobre el 90% de la media alemana, mientras que el de Nueva York está por encima del 200% de EEUU. Por eso es más barata», explica Dieter Bogai. Un piso de 70 metros en el centro ronda los 600 euros de alquiler y un salario de una dentista recién licenciada, los 2.000 antes de descontarle el 40% de impuestos. La principal lacra es el desempleo. En enero de 2014 tenía una tasa del 11,9%, mientras que la media nacional era del 7,3%. «Tenemos muchos problemas con el desempleo de los inmigrantes y personas sin formación. El crecimiento ha sido lento y aunque ahora tenemos una tasa laboral positiva, ellos no encuentran trabajo porque no tiene cualificación. Los antiguos alemanes de la RDA sí la tenían y se han integrado sin problemas», explica Bogai. Desde su ventana vemos a turistas fotografiarse con los soldados que recrean el Checkpoint CharlieEstamos en el antiguo Oeste, donde él mismo vivió de 1974 a 1989: 15 años y nunca visitó el Este.

Boom inmobiliario

Con sus grandes bloques de hormigón socialista, el antiguo Berlín oriental se ha convertido en la zona de moda, el lugar donde bullen la creatividad y el arte. Pero las grúas y los carteles de inmobiliarias en las calles alertan al visitante. De acuerdo con el Institut der Deutschen Wirtschaft, el precio de la vivienda aumentó casi un 40% entre 2003 y 2011 y son muchos los que denuncian que se están disparando las rentas. «En la primera etapa de la reunificación, el este estaba lleno de solares y edificios vacíos que se convirtieron en pisos baratos de alquiler. Hace unos 10 años comenzó el desarrollo y ahora todo el mundo quiere venir porque es una ciudad atractiva y, todavía, barata. El mercado de inmuebles no está creciendo tan rápido como la inmigración, lo que dispara los precios. Pero si se compara con Múnich o Hamburgo aún no hay problemas», dice Bogai.

Víctor Landeta es uno de esos jóvenes que ha llegado por la eclosión cultural. Este artista gráfico se instaló en la ciudad hace cinco años, tras vivir en Londres. Consiguió un estudio en Tacheles, la mítica casa okupa, donde trabajó un par de años, hasta que la cerraron en 2011. Y desmonta el cuento: los okupas cobraban un alquiler a quien quisiera instalarse —280 por un estudio compartido—. «Decían que para pagar la luz, pero después nos enteramos de que estaba ‘pinchada’», cuenta. Hoy el edificio está abandonado.

«Todavía es más fácil instalarte aquí que en otras ciudades europeas, pero todo está cambiando, el dinero está empezando a entrar y se va a poner al mismo nivel», cuenta. Él vive en el centro, en Mitte, en un antiguo edificio de oficinas sindicales realquilado a artistasPaga 220 euros por una habitación de 18 metros y otra adyacente, de estudio. Amplio, luminoso, lleno de lienzos. En el edificio conviven unas 10 personas y tienen su estudio 70. La mayoría extranjeros, que en unos meses tendrán que mudarse ya que están construyendo apartamentos de lujo. Y el alquiler no será de 200. «Aquí va a haber una burbuja. Se está construyendo por todas partes. A mí me recuerda a lo que pasó en España», dice Landeta. Los jóvenes ya se están mudando a zonas más baratas, como Neukölln.

La comercialización del Muro

«Todo ese espacio que estaba vacío y en el que se podía crear va a desaparecer y el foco de cultura alternativa se va a ir convirtiendo en un foco comercial. Las universidades, los comisarios, los caseros… Todos quieren hacer dinero con los artistas. Cada vez tenemos menos opciones», cuenta este joven. A las puertas de su edificio, unos pedazos de Muro reciben al visitante. Son del comisario que alquila la casa, que busca a artistas para pintarlos y venderlos a comisión. «Tras la caída del Muro buena parte de las piezas se vendieron a particulares, embajadas e instituciones de todo el mundo. Se ha llegado a pagar por ellas medio millón de euros. Está muy comercializado, se ha vendido troceado en bolsitas, en postales… Pero para mí es un honor pintarlo porque tiene un pasado muy oscuro», cuenta. Landeta ha dibujado a Einstein sobre uno de ellos y de ahí ideó una serie de seis premios Nobel: Dalai Lama, Mandela… Su precio puede alcanzar los 9.000 euros.

Un sueño que logró gracias a un proyecto lanzado por el Ayuntamiento de Brandeburgo y la fábrica de cemento en Teltow, que construyó parte del muro con el que la RDA quiso evitar el éxodo a Occidente y que, tras el derrumbe, tuvo derecho a recuperarlo. Ahora amontona unas 130 piezas en un solar, disponibles para los artistas. Y allí, junto a la fábrica, un inmenso cartel vuelve a advertirnos de los nuevos tiempos: Teltow Marine, un proyecto inmobiliario que albergará pisos de lujo y un puerto deportivo en el canal adyacente. No habrá lugar para el Muro.

En 2013, Berlín registró 27 millones de pernoctaciones turísticas. «Tras la caída del Muro, teníamos siete», cuenta Christian Tänzler, portavoz de VisitBerlin, agencia oficial de turismo. «Nadie podía imaginar que el Muro iba a convertirse en un reclamo. ¡Es algo que dividió a mi familia durante años! Pero la gente tiene interés en saber cómo fue», exclama. Autoridades públicas y privadas hacen un esfuerzo especial para que no se olvide la Historia. Hay decenas de museos, de puntos de interpretación… No es casual: el año pasado, el volumen de negocios generado por el turismo alcanzó los 10,3 millones de euros.

Son muchos los que participan de ello. En un inmenso local en Unter den Liden, a unos pasos de la Puerta de Brandeburgo, Wielang Giebel dirige la editorial Historia de Berlín, una tienda de souvenirs y un museo local. Y, cómo no, comercializa recuerdos del Muro. Hay llaveros, imanes, postales… «Era periodista y tras la reunificación no tenía trabajo así que empecé con la editorial y me di cuenta de que nuestra historia atrae a la gente a Berlín. El Muro lidera las ventas, es un buen símbolo para el mundo, recuerda la horrible situación que vivíamos», cuenta. Como casi todos los que sobrepasan los 25, él fue víctima de ese pasado: su familia nació en el Este y cuando tenía tres años, su madre decidió cruzar la frontera. Llegó a Berlín, tomó un tren y cuando iba a subir, las puertas se cerraron dejando al niño dentro. Otro viajero le bajó en la primera estación del Oeste hasta que llegó ella. «Fue mi primera reunificación», bromea.

Otro ejemplo de integración de pasado y futuro lo da el prestigioso galerista Michael Fuchs, que ha convertido la antigua escuela de niñas judías de Berlín en un espacio para el arte en la calle Auguststrase, junto a otros templos contemporáneos como la galería Me. Desde la reunificación, Berlín se ha convertido en epicentro del arte con 180 museos, 440 galerías y cientos de talleres en esas antiguas fábricas que quedaron vacías. «No tiene poder económico, pero tiene el poder cultural y, antes o después, se desarrollará. Ahora hay muchas ‘start-ups’, mucha gente nueva, joven, que adora la ciudad y la sacará adelante, pero tenemos que darles tiempo. Lo harán ellos, no los mayores, no los banqueros. Esto no es Frankfurt. Después de la guerra, Alemania quedó descentralizada como parte del Plan Marshall. Así que tienes los bancos en Frankfurt, la publicidad en Hamburgo; el negocio de la moda en Düsseldorf… Berlín lleva 50 años de retraso. Hay que darle tiempo. ¡Ya es un milagro lo que ha avanzado en 25!», cuenta.

«Algunos alemanes del Este echan de menos cosas del socialismo de Estado, como la cohesión social, pero muchas de las cosas que ofrecía la RDA aún siguen aquí. Por ejemplo, las mujeres estaban mucho más activas en el mercado laboral que las del Oeste y eso sigue ocurriendo hoy, aunque ha habido una convergencia: mientras que las del este pasan más tiempo con sus hijos, las guarderías de la RDA, que eran mejores, se han convertido en el estándar y ahora las del oeste se preguntan por qué no trabajar y dejar a los niños allí», dice el profesor Burda.

«Todavía uno adivina de dónde viene cada uno por su sentido social», valora Bogai. «El objetivo ahora es integrar a los grupos sociales más pobres, que no participan del crecimiento. También controlar el mercado inmobiliario y la infraestructura de transportes, que está abarrotada». «El resto es seguir como estamos porque en los próximos añosllegarán muchos más inmigrantes y corremos el riesgo de no adaptarnos», sentencia Wielang Giebel. La unificación pendiente de los nuevos tiempos.

Agradecimientos a VisitBerlin, NH  Friedrichstrasse, Iberia Express y www.germany.travel

 

Fuente: El Mundo.ES

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