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De un Cronista al primer Cronista por José Lemarroy Carrión.

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(1916-1990)
(1916-1990)

Don Ramón Figuerola Ruíz fue  un gran cronista, el Primer Cronista de la Ciudad  pero sobretodo, fue un gran hombre.

Su imagen se forma una madrugada de mil novecientos treinta y nueve, proclamada por el silbar insistente de la máquina del ferrocarril que silbaba y silbaba para que toda la ciudad se despertara  y se diera cuenta del peligro, Coatzacoalcos se estaba quemando.  El edificio Brunet, donde residía la  familia Ruiz, estaba ardiendo.

A las seis de la mañana el tren salía de la estación  y desde antes, con sus silbatos, anunciaba su salida, ese día, desde mucho antes de lo acostumbrado, comenzó a silbar desaforadamente, no anunciaba su salida sino el incendio. Las llamas se elevaban  hasta alturas sorprendentes, la gente iba de un lugar a otro, algunos locatarios del mercado cercano sacaban sus pertenencias temiendo que se les quemaran, las llamas eran impresionantes, la tropa acudió a dar auxilio, casi todas las casa de Coatzacoalcos  eran de madera y hubieran sido presa fácil del incendio. La luz de la lumbre aceleraba el amanecer.

El pánico  se hizo dueño de la situación. Don Ramón era un joven apenas y supo que la abuelita estaba atrapada en el fuego. Ahí es donde saltó la otra chispa, la del crisol que forjó al Hombre. Se metió al fuego y del mismo salió  con la calidad de alma con que nosotros lo conocimos, esa  brasa del valor y la generosidad nunca se apagaría.

Fue un gran cronista, tuvo la visión completa de la integración histórica de la ciudad, sus gestiones sobre la fecha de la fundación de la Villa del Espíritu Santo llegaron hasta el Vaticano,  tuvo la virtud de la relación social suficiente para establecer una comunicación humana integral, lo que lo convirtió en el consultor de toda la sociedad por lo que fue amigo de todos los comandantes navales y militares, jefes políticos y dignatarios religiosos, quienes solicitaban su información.

Hizo una intensa labor de difusión cultural en la ciudad y en la región, por él, en Cosoleacaque conocieron a Beethoven  y ahí mismo la Sinfónica de Xalapa saboreó el popo.

El arte le hizo justicia, el mayor premio de su vida se lo dio la Música: es la Profesora Luciana, con quien se casó, que premio mejor no pudo haber.

Su vida fue meritoria, estuvo llena de grandeza, de capacidad y generosidad pero, por encima de todo, sigue brillando esa brasa del incendio en que se lanzó al fuego para salvar a la abuelita.

 

Dr. José Lemarroy Carrión, Cronista de Coatzacoalcos.

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